lunes, 17 de julio de 2017

Sin fecha en el calendario

Por José Alberto Zayas Pérez
Vi con asombro un programa de la televisión, donde se le realizó una entrevista a una conocida periodista, ya jubilada. Ella   expresaba de forma emotiva su frustración por el aparente olvido  de la directiva de su entidad. Siento el impacto de sus palabras por los hechos narrados viniendo de alguien que es recordada  por su profesionalidad  y que marcó, por décadas, la vida de generaciones de cubanos amantes del deporte.
Pensándolo bien no es tan insólito escuchar ese  relato, lamentablemente se acerca más a la cotidianidad que conocemos.  Llegado el momento de la jubilación, se desvanece  poco a poco los vínculos con el centro laboral que lo acogió, tal vez, relegado el jubilado por los principales actores donde ejerció, por suerte existen  honrosas excepciones.
Quizás, si el arrepentimiento por  tanto esfuerzo  tocara a la puerta del retirado, creo suponer que no sería el noble trabajo la causa de tal  sentimiento,   sino el error humano que olvido atender, ahora en la blandura de la vejez, al que tanto aporto, aún  a costa de contraer deudas con la familia en días de asueto en que el deber lo mantenía en su puesto de trabajo o vivir la sensación de pérdida en  fechas importantes  en la vida de sus hijos por cumplir obligaciones impostergables en el ejercicio del desempeño de su labor.
Es obvio que  los nuevos retos que impone  la vida diaria muchas veces impiden al colectivo hacer un alto para pensar, lo cual no lo exime de culpa,  solo queda  la reflexión mesurada y las acciones reparadoras a discutir  en los consejos de dirección, las sesiones sindicales o el colectivo de trabajadores que lo acogió, a fin de subsanar el  penoso desliz cometido, si este fuera el caso, dentro del espíritu solidario que caracteriza a  nuestro pueblo.
Los jubilados forman parte de esa memoria institucional, como lo son todos, en especial aquellos que ya rondan la edad de retiro, y sentimos que muchas veces falta el acto  público, el reconocimiento a tiempo, de expresarle  cuanto, ellas o ellos,  significan para el colectivo. Es una situación con que tendremos que lidiar, que será, aunque pensemos que falta mucho tiempo, nuestra propia realidad, en poco o muchos años.
Así que yo, que no soy periodista, aunque intento ser un comunicador social, busco la forma de agradecer a mis colegas de labor, en el micro mundo de mi espacio laboral, el reconocimiento que sentimos por aquellas personas que entregaron o entregan sus vidas a  la labor diaria.
Justamente por eso, me veo ahora, luchando con la  sintaxis, elaborando artículos para leer en el matutino del centro, o tal vez para poner en la revista de la entidad o mejor aún, en la plataforma digital donde divulgo nuestro trabajo; que es la forma  que encuentro para decirles,  gracias a mis colegas de labor, por eso establezco mi estrategia impregnado de la lógica de un refrán chino, ¨un camino de mil pasos comienza en un solo paso¨ y decidí emprender la senda escribiendo  sobre el  geógrafo  Gabriel, un veterano y compañero de labor de muchos años.
¨Gabriel no está enfermo, aún le falta dos años para tener edad de retiro, pero me preocupa que otros muchos colegas de trabajo se acogieron a la jubilación sin recibir un verdadero reconocimiento público por tantos años de sacrificada labor, entonces por qué esperar un momento adecuado para hacerlo y no aprovechar hoy, ahora,  para expresarle lo mucho que el colectivo le agradece en el plano profesional y humano, como decía José Martí,  ¨Honrar, honra¨.
Nació en un humilde hogar, tercero de 11 hermanos, en un pequeño asentamiento rural del municipio de Jiguaní en la provincia  cubana de Granma, conocido como la Cañada del Aguacate. El lugar de nacimiento, para el colectivo es motivo de chanza por las constantes referencias que hace Gabriel a su lugar de origen de donde parece provenir una fuente inagotable de refranes y peculiaridades propias del lenguaje que hace pensar en una especie de endemismo idiomático, si eso fuera posible…¨
El argumento fluye en plena lucha con las palabras, lo importante es comenzar ya, la forma de la deferencia con los suyos está en sus manos, por mi parte escribo sin formalismo, no importa que no haya fecha importante por celebrar en el calendario.

Sin Fechas por Celebrar en el Calendario

Sin Fechas por Celebrar en el Calendario

martes, 18 de abril de 2017

Parque Granma



Semana de receso de todo el sistema educacional cubano, muchos padres toman unas cortas vacaciones para compartir con sus hijos en el hogar o disfrutar de las opciones que brinda su entorno. Aunque no es mi caso, ya mis hijos deciden por si mismo su programa de vida. Es el momento para visitar un cercano parque suburbano en Bayamo.
Recuerdo, que mientras hacia una especialidad, propia de mi perfil laboral, en una ciudad europea caracterizada por su tranquilidad, decidí romper con la monotonía del fin de semana y librarme de las actividades domésticas, con merienda y almuerzo incluido, visitando un gran parque suburbano que era el lugar preferido de los habitantes de la ciudad, un hermoso arbolado con sinuosos senderos que atravesaban toda la masa verde hasta bordear un gran espejo de agua que brindaba un espacio de confort para sus habitantes. Llegado el final del recorrido descubrí con asombro y enojo que no había infraestructura de servicio en ese lugar, sólo el placer del sitio per se.
Necesité años para torcer el viejo pensamiento, me ayudaron a madurar los problemas vinculados al cambio climático, y el conocimiento de la existencia de un territorio con un enorme potencial para el desarrollo del turismo de naturaleza, del cual parece no estar consciente de sus valores una parte de sus principales actores.
En días reciente les contaba a unos colegas, vinculados a la actividad turística, que Bayamo posee un parque suburbano, el cual posee más de 100 ha de un paño verde natural, en pleno periodo seco, salpicado por centenares de árboles frondosos con muchas décadas de sembrados o de crecimiento natural y que hoy crecen olvidados por la mayoría de sus ciudadanos que esperan con ansias el nuevo proyecto de renovación de la infraestructura técnica y de servicio del lugar, como requisito indispensable para su utilización.
Lamentablemente, los arrastres culturales parecen secuestrarnos en el tiempo. Pienso en las carencias ambientales, y la necesidad de reforzar los planes educacionales, ahora que todos esperamos con ansia la próxima reinauguración de un antaño y demandado restaurante, ¨El Luanda¨, ubicado en el sitio.
Conozco un lugar, allende al océano, que en una hectárea de área verde lograda a base de riego artificial, constituye el principal atractivo de sus habitantes, que saben el verdadero valor del espacio verde.
Por lo pronto,  pongo  mente positiva y doy por seguro que es sólo una cuestión de tiempo la apropiación del espacio de ocio, por eso  me adelanto y clavo  simbólicamente  la estaca en su suelo para reclamarlo para mi familia, amigos y colegas de trabajo y ciudadanos que de forma consciente se identifiquen con sus valores en esta  en esta zona de sano de esparcimiento para el pueblo.

viernes, 10 de febrero de 2017

¡De…Afuera!


 
 ¡De…Afuera!
A propósito de un artículo anterior, ¨Gabriel, el Geógrafo de la Cañada del Aguacate¨, decía ¨… Gabriel, nuestro correligionario de trabajo, ya pasó los 60 años, pero sigue con su alma de niño sorprendiéndonos cada día. Sus colegas de labor toleramos compasivos las ocurrencias de este geógrafo de la Cañada del Aguacate y sus inevitables apodos a todo el
colectivo.

A mí me dice el Niño, cuando ya dejé hace mucho tiempo esa etapa de la vida, lo que me hace recordar y reflexionar sobre algo que escribí estando en Namibia cumpliendo colaboración técnica, a modo de chanza, que viene a reforzar una extraña opinión sobre la creencia de algunos de mis compatriotas sobre las bondades espirituales y cualidades físicas que supuestamente se adquieren al vivir en el extranjero, resumida en un etéreo concepto sobre el mundo exterior y que la gente sencilla lo condensa de forma mágica como, ¡De…Afuera!. En el cual expresaba:

En Cuba, rodeada de mar, la frontera invisible del más allá de nuestro suelo, está llena de misterios, y a diferencia de otras tierras donde el extranjero es un ser muchas veces visto como un villano, que de alguna manera representa una amenaza potencial al bienestar social, económico y cultural de su país, el forastero que nos visita viene a disfrutar los
placeres del clima y las bondades de nuestras gentes, en la medida que lo permite la capacidad de su bolsillo o la generosidad de su corazón, casi siempre solidario, por lo cual es retribuido con la clásica hospitalidad de nuestro rebeldes compatriotas.

Así que se da por hecho, que es un ser exótico, pudiente, digno de nuestra proverbial curiosidad, muy a tono con nuestro carácter extrovertido; las tierras que los cobijan deben ser también boyantes, poseedoras, tal vez, de la piedra filosofal, donde el cuerno de la abundancia destila su habitual riqueza.

La sicología del hombre sencillo se pierde en el tiempo y los reflejos, condicionados por su evolución, influyen en su comportamiento. Como no recordar la mística Isla de Bimini, con su fuente restauradora de la juventud, donde un jefe Arahuaco de Cuba, tal vez venido del sur de la Amazonía, reunió grupo de aventureros y navegó hacia el norte en un viaje de exploración, para desaparecer en el laberinto del tiempo; o en esas sempiternas tierras septentrionales, donde supuestamente estaba el apócrifo río Jordan, con sus aguas milagrosas, motivo de incesante búsqueda y ensalzada por la mística leyenda, para beneplácito de poetas y escritores.

Una historia más cercana es la de Matías Pérez, un portugués radicado en Cuba, fabricante de toldos y lanas, el cual voló en un globo aerostático un 29 de junio de 1856 para no volver jamás, de ahí la frase que trascendió en el tiempo “Voló como Matías Pérez”, para referirse a alguien que no hemos vuelto a ver.

La sensación de vivir en un lugar aislado, quizás condiciona nuestra proverbial locuacidad y la necesidad de buscar otros espacios, más allá de nuestras tierras, contribuyendo a la creación de arquetipos sobre el mundo exterior y sus bondades, tal vez por eso, nuestro José Martí, profundo conocedor del alma criolla, expresaba, con énfasis, en su conocida frase, “el vino, de plátano; y si sale agrio! es nuestro vino!” para resaltar la dicotomía entre lo nacional y lo foráneo.

Así que yo, que ahora vivo temporalmente en el extranjero, me preparo para los paradigmas habituales, pregonados por los amigos y familiarizares, en nuestro inevitable nuevo contacto, después de muchos meses de separación, y esperando oír sus expresiones habituales de admiración o rechazo: “vino más amistoso, más sabio, más tierno, más joven”, … tengo la esperanza que no digan… parece mentira que estuvo en “el extranjero” y llegó, “más viejo, más bruto, más gordo, más feo, más petulante”…Como soy optimista, deseo irme por el lado positivo de la vida, y que mis allegados vean en mí, los progresos ¡De…Afuera!